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Clases de pronunciación en Clark: cómo funcionan

Clases de pronunciación en Clark: cómo funcionan
Photo: E911a / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

"Me entienden, pero me hacen repetir." Esa frase resume el motivo por el que un alumno adulto pide clases de pronunciación. No busca sonar como un locutor: busca dejar de repetir la misma palabra tres veces por teléfono. Y ese objetivo, a diferencia de "hablar mejor", sí se puede convertir en un plan de semanas con tareas concretas.

Antes de nada, la duda que llega siempre asociada a este destino: ¿tiene sentido corregir la pronunciación en un país donde el inglés se habla con acento propio? La respuesta corta es que todo el mundo habla con acento —también quien enseña en Londres o en Toronto— y que lo que se corrige en clase no es el acento, sino los rasgos que dificultan la comprensión. La respuesta larga, con las tres preguntas que conviene hacerle a la escuela, está en el acento del inglés en Filipinas.

Lo que de verdad estorba a la comprensión

No todos los errores pesan igual. Estos son los que, en un hablante de español, provocan la mayoría de los malentendidos:

  • Las vocales. El español tiene cinco sonidos vocálicos y el inglés maneja bastantes más, incluida una vocal débil que aparece en casi todas las sílabas átonas. Confundir dos vocales próximas convierte una palabra en otra distinta, y ese es el error que más veces obliga a repetir.
  • La sílaba de apoyo delante de la ese inicial. Cuando una palabra inglesa empieza por ese seguida de otra consonante, el hispanohablante tiende a añadir una vocal delante, por pura costumbre del español. Es un rasgo muy identificable y se corrige con relativa rapidez.
  • La acentuación de la palabra. Poner la fuerza en la sílaba equivocada despista más que pronunciar mal un sonido concreto: el oído del interlocutor busca el patrón acentual antes que los fonemas.
  • El final de las palabras. Terminaciones que en español se relajan o se pierden y que en inglés distinguen singular de plural, presente de pasado o una persona de otra.
  • El ritmo de la frase. El inglés comprime las palabras sin carga informativa y estira las importantes. Pronunciar todas las sílabas con la misma duración —lo natural en español— hace que el interlocutor pierda el hilo aunque cada sonido sea correcto.

Fíjese en que solo los dos primeros puntos son "sonidos". Los tres siguientes son ritmo, y son justamente los que más se descuidan.

Cómo se organiza el trabajo, semana a semana

Este es un reparto realista para cuatro semanas con una sesión diaria dedicada a pronunciación dentro de un curso normal.

Semana 0, antes de empezar: el diagnóstico. Grábese dos minutos leyendo un texto y otros dos hablando libre sobre su trabajo. Guarde el archivo. Sin ese punto de partida, dentro de un mes no tendrá forma de saber qué ha cambiado, y la sensación subjetiva engaña en ambos sentidos.

Semana 1: inventario y prioridades. El profesor escucha la grabación y hace una lista de rasgos, ordenada por cuánto afecta cada uno a la comprensión. Se eligen tres o cuatro, no quince. Trabajar en todo a la vez es la forma más segura de no arreglar nada.

Semana 2: sonidos aislados y pares mínimos. Trabajo de oído antes que de boca: primero distinguir dos sonidos parecidos escuchándolos, después producirlos. Aquí es donde el formato individual rinde de verdad, porque la corrección llega en el momento y sobre su boca, no sobre la media de la clase.

Semana 3: la palabra dentro de la frase. Acentuación, terminaciones y enlaces entre palabras. Buena parte del trabajo consiste en imitar fragmentos cortos de audio: escuchar una frase, repetirla intentando copiar la melodía, comparar. Es aburrido y es lo que más resultado da.

Semana 4: transferencia a su vida real. Los rasgos corregidos tienen que sobrevivir cuando usted está pensando en otra cosa. Se practican en simulaciones de sus situaciones habituales, no en listas de palabras. Y se vuelve a grabar el mismo texto de la semana 0.

Cómo pedirlo en clase sin quedarse a medias

Tres peticiones concretas, en el idioma que sea que use con su profesor:

  1. "Corríjame solo estos tres rasgos durante esta sesión." Un profesor que corrige todo interrumpe cada frase y el alumno deja de hablar. Un profesor que no corrige nada es agradable e inútil.
  2. "Dígame si un error afecta a la comprensión o solo al acento." Es la distinción que decide en qué merece la pena gastar semanas.
  3. "Deme una tarea de escucha para la tarde." Repetir en voz alta un audio corto, tres veces al día, hace más que una sesión extra de clase.

Y un aviso: si le corrigen mucho y en todo momento, hablará menos. Conviene separar los bloques —una sesión de precisión con corrección inmediata, otra de fluidez donde se corrige al final—, tal como se plantea en la primera semana de clases: qué acordar y en sacar partido a las clases uno a uno.

Expectativas realistas

Cuatro semanas de trabajo dirigido suelen bastar para que desaparezcan uno o dos rasgos muy marcados y para que usted sepa reconocerlos cuando se le escapan. Lo que no ocurre en cuatro semanas es un cambio general de acento, y desconfíe de quien se lo prometa: la pronunciación es un hábito motor y los hábitos se cambian con repetición sostenida, no con una técnica milagrosa.

Tampoco conviene convertir la pronunciación en el eje de todo el curso. Es una pieza dentro de un plan más amplio, junto a vocabulario, escritura y conversación; el conjunto está reunido en cómo estudiar durante el curso. Y si nota que lleva semanas sin avanzar en nada, el problema puede ser otro: la meseta del inglés y no subo de nivel: qué revisar.

Preguntas frecuentes

¿Todas las academias ofrecen sesiones específicas de pronunciación?

Muchas la incluyen como asignatura dentro del programa individual, pero el nombre, el contenido y el número de sesiones varían por centro y por temporada: pregúntelo antes de reservar.

¿Es mejor empezar por la pronunciación o dejarla para cuando tenga más nivel?

Los rasgos muy marcados conviene tocarlos pronto, porque cuanto más tiempo se repiten más cuesta cambiarlos. La afinación fina sí tiene más sentido cuando ya se habla con cierta soltura.

¿Se puede mantener lo corregido al volver a casa?

Sí, y es de lo primero que se afloja si no se practica. Grabarse una vez por semana y compararse es la rutina más barata que existe; el resto están en mantener el inglés al volver.

¿Sirve de algo imitar películas y series?

Sirve, con una condición: fragmentos cortos, repetidos muchas veces y comparando su versión con el original. Escuchar horas de forma pasiva mejora la comprensión, pero apenas mueve la pronunciación.


CAESA agrupa a ocho academias con licencia del gobierno filipino en Clark, con programas individuales que permiten dedicar sesiones específicas a la pronunciación. Conozca las escuelas o escríbanos contando qué le hacen repetir con más frecuencia; la matrícula se tramita a través de las agencias colaboradoras.

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